Miércoles, 07 Noviembre 2012
Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, ¡cuídalo!

“Es mi cuerpo, yo sabré lo que hago, yo sabré si consumo comida chatarra, si aborto, si tomo, si fumo o me drogo, yo sabré lo que hago…”

 

Es muy común escuchar este tipo de expresiones en boca de muchas personas que consideran su cuerpo como propiedad personal, olvidando que es una creación de Dios para ser templo del Espíritu Santo, y que por lo tanto debemos cuidarlo, mantenerlo libre de vicios y alimentos que puedan perjudicarlo, porque una vida saludable espiritual, mental y físicamente, es lo que Dios quiere para sus hijos.


La Iglesia católica enseña que el cuerpo es un regalo precioso de Dios que debemos cuidar, conocerlo y emplearlo correctamente para la vida no sólo terrena, sino para la eternidad: “Esto quiere decir que debemos buscar una vida sana, sabia y santamente aprovechada, en equilibrio con nosotros mismos, con los demás y con la creación toda”, explica el P. José Pedro Velázquez Figueroa, responsable de la Pastoral de la Salud de la Arquidiócesis de México.


¿Qué cosas dañan el templo del Espíritu Santo?

Hay factores internos que al evitar estar en paz con Dios, con los demás y con nosotros mismos, desajustan esta magnífica creación que debe estar siempre en armonía total; también algunas enfermedades –entre ellas la diabetes, la hipertensión arterial, el tabaquismo o la obesidad– que provocan neurosis, depresiones o violencias diversas en sociedades intranquilas y apartadas del Creador. También hay factores externos que afectan este templo; estos se dan en medio de sociedades materializadas y descreídas del verdadero bien eterno, Dios, como las famosas “P”: placer, padecer y poder, que son cadenas que encierran nuestro egoísmo, el sin sentido de la vida, que son efímeras y embriagan, pero la resaca es más brutal y acaba por vaciarnos totalmente.


¿Cómo debemos cuidar el templo de Espíritu Santo?

Viviendo en la sobriedad y sencillez que Cristo vino a enseñarnos, dóciles a la voz del Espíritu de Dios que nos llama a compartir nuestros dones, especialmente entre los más desposeídos. Fortaleciendo el Espíritu a través de la oración y la vida sacramental, mediante la formación en la fe, confesándonos, participando de la Santa Misa, etc. También estamos obligados a mantener en buena condición física el cuerpo que se nos ha dado en administración para rendir cuentas cuando el Señor nos llame a su presencia.  Promover un crecimiento sano e integral del cuerpo y del espíritu con un estilo de vida que incluye nutrición, ejercicio, recreación, descanso, trabajo y estudio, para lograr un equilibrio de los factores que nos ayudan a vivir la felicidad a la que hemos sido llamados.


El P. José Pedro Velázquez Figueroa explica que para ello son necesarios los chequeos médicos propios de cada etapa de la vida, desde la concepción hasta la edad adulta. “Esto incluye aplicación de vacunas, medicamentos, suplementos dietéticos, una nutrición adecuada, practicar algún deporte y brindarle al cuerpo el descanso necesario”.

 

¿Qué pasa cuando convertimos nuestro cuerpo en un templo de corrupción?

Al abaratar este sublime templo y convertirlo en mercado, ofendemos al Creador de tan excelso diseño y nos sobajamos buscando apropiarnos de algo que sólo tenemos en administración y no en plena posesión. La venta de nuestra dignidad por basura –como dijera san Pablo– desfigura la esencia humana y sobrenatural, y convierte a la persona en una caricatura presa de sus pasiones carnales que lo rebajan a nivel irracional en la escala animal.


Fuente: Siame.mx

 

 

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